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Cuestionario Cuerpo Estratégico

En tu experiencia, ¿Cómo se manifiesta la función social del arte o la arquitectura desde la enseñanza?

La función social sucede en el momento en que las artes se producen dentro de la noción de lo público; cuando las artes no refuerzan una experiencia estética elitista y ensimismada; cuando se proyectan como contenido y mensaje con potencia y con la responsabilidad que esta potencia implica ante sus receptores; cuando se pronuncian fuera de un mercado neoliberal de producción y no responden a las expectativas de un régimen estético-político.

En estas ocasiones creemos que las artes pueden fungir como detonadores, apoyos, incubadores y/o desarrolladores para una práctica educativa no alienante ni jerárquica. Creemos en las artes al servicio de una comunidad y no en una comunidad al servicio de las artes. 

Ya sea la enseñanza del arte o la enseñanza como práctica artística en sí, pueden romper con la pasividad de un público/alumnado, en tanto que el conocimiento se da por medio de la colectivización de los saberes. El arte tiene una cualidad contaminante, que se puede utilizar como herramienta (caballo de Troya) para desestabilizar la idea de educación como sistema de pensamiento y ofrecer la posibilidad de disruptir las jerarquías y proponer formatos más igualitarios. 

Pensamos que el arte tiene el poder de replantear, reestructurar y dinamizar un proceso de aprendizaje desde su cualidad en tanto forma de investigar la realidad y re-interpretar las maneras en que percibimos las imágenes, objetos, relatos, relaciones y políticas desde una visión sensible y una experiencia estética. Soñamos con la posibilidad de educar desde la experiencia estética o la creación de momentos estéticos, para que el arte pueda desligar la producción del fenómeno artístico y empiece a enseñar a ver y redescubrir nuestras sensibilidades. 

Menciona un modelo de enseñanza, proyecto, texto relacionado o referencia que consideres relevante para nuestro tiempo y por qué.

Para responder a esta pregunta, creemos que se debe mirar hacia Latinoamérica, a los esfuerzos de diversos espacios y colectivos que han ido formando su versión de la arte-educación desde sus trincheras. Entre ellxs queremos mencionar a nuestrxs cómplices de TLC (CdMx), colectivo independiente de artistas quienes llevan más de 7 años trabajando con el formato de taller como obra artística, fomentando formas colaborativas de producción, distribución y consumo de información. 

Otro proyecto interesante son las Escuelas de Garaje del colectivo Laagencia (Bogota, Colombia), quienes renegocian el formato de la escuela a través de la hipótesis de un espacio autónomo como proceso y proyecto de formación. Trabajando desde la creación de eventos, desde una estructura ausente, “Las Escuelas” de Laagencia funcionan como improvisaciones, que exploran diferentes prácticas y procesos de producción de escenarios discursivos. Concluyen la actividad con una publicación de sus procesos.

El Teatro del Oprimido de Augusto Boal, y en particular su libro Juegos para actores y no actores, nos ha acompañado e inspirado desde nuestros comienzos. A pesar de ser del siglo pasado, esta recopilación de reflexiones y ejercicios nos parece dramáticamente necesaria para estos tiempos.  Los grupos quienes siguen multiplicando y explorando las metodologías del teatro del Oprimido en Latinoamérica nos dan la prueba de la vigencia de estos textos. Entre ellas se puede mencionar a la asociación Metoca (Quetzaltenango, Guatemala), quienes trabajan desde hace más de 10 años en Guatemala con poblaciones vulnerables a través del espacio artístico y la comunicación social alternativa, y forman facilitadores sobre el Teatro del Oprimido en Nicaragua, Honduras y El Salvador.

¿Desde dónde podríamos generar nuevos vínculos para la enseñanza del arte o la arquitectura hoy?

Pensamos que la fiesta y la celebración deberían ser espacios de reflexión (no teórica sino práctica) para ejercer nuevas sensibilidades. Antes de pensar en instituciones a incidir o espacios a interactuar, debemos de pensar el medio, en las formas de relacionarnos. Reaprender a comer, a beber, a mirar y a querer. Reaprender a juntarse desde motivos ajenos a un consumo desenfrenado, si no desde la gestión del placer, desde la estética como un gozo, desde el juego, desde la fiesta. 

A su vez, queremos dejar de pensar la figura del maestro de manera jerárquica y la del estudiante como pasivo alumno-alumnus (aquel que se alimenta, aquel al que se nutre o se hace crecer), para replantear esta relación desde en un espacio activo de alimentación mutua. Queremos confrontar la idea de la fiesta y del ocio con la idea de la escuela, para repensarlas desde nuevas perspectivas. ¿A qué se parece una clase dada como una fiesta?

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