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Cuestionario Isabel Abascal

En tu experiencia, ¿cómo se manifiesta la función social del arte o la arquitectura desde la enseñanza?

Comencé a dar clase en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo Escola da Cidade, en São Paulo, Brasil. En la época, principios de 2009, tanto la Escola como yo éramos muy jóvenes. Escola tenía apenas 5 o 6 años de vida y había sido creada como un experimento didáctico alternativo a la enseñanza pública y privada de la Arquitectura en Brasil. En contraste con otras escuelas paulistas, Escola tenía la particularidad de situarse en el Centro de la ciudad, que por entonces estaba muy degradado socialmente.

En su día a día, los alumnos se deparaban no sólo con las obras de grandes arquitectos que estudiaban dentro de las aulas sino también con lo que había fuera; por un lado, obras maestras de Oscar Niemeyer, Adolf Heep o Artacho Jurado que circundaban el edificio de Escola, a su vez diseñado por el también fantástico arquitecto Osvaldo Bratke y que en aquel momento estaba muy deteriorado. Por el otro lado, y quizás lo más importante, los estudiantes tenían, muchos por primera vez en su vida, que convivir con la realidad del Centro: calles llenas no sólo de familias y oficinistas sino también de moradores de rua, de niños indigentes bastante pequeños, vendedores ambulantes, travestis, prostitutas, muchos emigrantes latinoamericanos y africanos.

A lo largo de los años, fui entendiendo que lo que los profesores y alumnos asimilábamos en las clases era fundamental, pero lo que absorbíamos a través de la observación ―y a veces por ósmosis― en la calle era la verdadera esencia que identificaría la manera de pensar y hacer arquitectura de toda una generación. En Escola se aprendía lo que significa hacer y ser ciudad, que tiene que ver con la tolerancia, con la densidad, con la heterogeneidad, con el cambio. Este concepto de ciudad está intrínsecamente ligado a la arquitectura y por supuesto, también a muchas otras disciplinas, como la historia, la sociología, el arte, y un sin fin más. En Escola cada miércoles se celebraba un seminario llamado “Realidade Contemporânea”, donde los invitados a exponer, nunca eran arquitectos sino filósofos, políticos y muchas veces artistas, profesionales comprometidos con la idea de urbanidad. Aparte de la clase tradicional de proyectos, los alumnos de 2º, 3º y 4º año trabajaban juntos en una materia llamada “Estúdio Vertical” donde los temas que se abordaban tenían que ver, además de con una problemática arquitectónica formal, con la problemática social. La elaboración de las propuestas requería de trabajo de campo e investigación. De esta forma ―lo que en Brasil es un porcentaje muy pequeño de la población― las personas que conseguían acceder a la Facultad, se identificaban y mezclaban necesariamente con el resto de la sociedad y también con los más desfavorecidos.

En 2015 me mudé a México y pocos meses después comencé a dirigir una plataforma de promoción de la arquitectura joven latinoamericana llamada LIGA, Espacio para Arquitectura, fundada en 2011 por cinco socios.

Durante los dos años que pasé en LIGA, parte de mis esfuerzos y del equipo, estuvieron dirigidos a que el espacio sirviese como foro de discusión y producción de pensamiento no sólo entre arquitectos sino integrando otros campos de estudio relacionados con lo espacial y lo urbano. Al mismo tiempo la idea era que además de ofrecer un programa de exposiciones trimestral invitando en la mayor parte de los casos a arquitectos extranjeros, LIGA sirviese a los profesionales locales para conocer mejor su propia ciudad. Así, se crearon series de actividades cortas, llamadas Interludios de Estudio e Interludios Caminata en las que se visitaban por un lado casas y estudios de artistas residentes en la Ciudad de México que habían sido diseñadas por arquitectos o por los propios artistas, y por el otro lado se propusieron recorridos guiados por 10 barrios de la ciudad, partiendo de espacios culturales presentes en esas colonias.

Aprendimos mucho de estos espacios culturales, que por estar situados en los barrios tenían mucha relación con las comunidades locales, las asociaciones de vecinos, las virtudes y carencias de cada colonia. Y por encima de todo aprendimos que todos esos espacios junto con nosotros conformamos una red de acción y reflexión que podía serle más útil a la ciudad como colectivo que como puntos aislados. A pesar de que estas últimas iniciativas no estaban inscritas dentro de un campo académico, tenían un aspecto fuertemente didáctico.

La práctica del arte y la arquitectura está ligada a una actitud de estudio, investigación y aprendizaje constante y es primordial el tomar consciencia del propio rol dentro de la sociedad, incluso para negarlo.

Menciona un modelo de enseñanza, proyecto, texto relacionado o referencia que consideres relevante para nuestro tiempo y por qué.

Hay un caso de estudio bien conocido en El Eco a través del libro de Felipe Mújica, Jugador como pelota, pelota como cancha que me fascina desde que visité Chile por primera vez. Se trata de la serie de Torneos que tuvo lugar en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica de Valparaíso. Entre 1974 y 1992, el arquitecto Manuel Casanueva y sus alumnos desarrollaron, a partir del curso “Cultura del cuerpo”, juegos colectivos en los que los participantes debían diseñar y vestir impedimentas que modificaban la relación de su propio cuerpo con el espacio y con los otros.

[…] los conceptos y estructura de cada uno (cancha, equipos, reglas y artefactos) se dirigían a generar diferentes situaciones de interacción corporal y espacial, con énfasis en la colectividad, el azar y la improvisación. Los Torneos tenían objetivos y reglas propias, que muchas veces no funcionaban o mutaban en el camino. Cada Torneo era una nueva manera de hacer funcionar el cuerpo, en un espacio determinado y en relación a otros cuerpos, pero de manera interrumpida, impedido o alterado su condición física (la visión tapada, el caminar con zancos, el estar amarrado entre jugadores, etc.). No era raro que el mismo Torneo contuviera varias versiones o sub-juegos. No era raro que un Torneo evolucionara en otro, ya sea por accidente o para perfeccionarse. Cada Torneo se inspiraba en un deporte o sistema de interacción existentes. La pelota de Rugby, el guante de Baseball, los gestos en el cine mudo, el hilo de Ariadna. Los Torneos incorporaban referencias clásicas y populares, a la vez que intentaban crear soluciones a problemas inexistentes.

Lo que me parece relevante de estas experiencias, por un lado, es la capacidad de los ejercicios para modificar sus propias reglas en tiempo real, incorporando los datos que se van recabando en cada experiencia; por otro lado, la idea de construir nuevas realidades a partir de lo lúdico, retomar la idea de que aprender tiene que ser estimulante y divertido.

¿Desde dónde podríamos generar nuevos vínculos para la enseñanza del arte o la arquitectura hoy?

Cada vez se hace más evidente que ninguna disciplina está aislada y que cada campo de conocimiento se nutre de otros (relacionados o no).

El modelo de Campus Universitario (cu) apartado del centro de la Ciudad de México y cerrado en sí mismo tiene que complementarse con clases, actividades, trabajo de campo que suceda fuera de las aulas y en contacto no sólo con los propios profesores sino también con profesionales.

Alguien que estudia arquitectura tiene que conocer tanto el procedimiento y las manos que cuelan el concreto como el lugar donde se publica el texto que un crítico escribió acerca de una obra, tanto un edificio histórico en una provincia, como la más reciente torre en una avenida, o la aldea autoconstruida en la sierra. Cuanto más amplia sea la trama de conexiones que se les ofrece a los estudiantes, mejor podrán entender que hay una infinidad de modos de ser artista o arquitecto y que todos ellos son posible, incluso los que menos nos gustan forman parte ―aunque aquí estemos abogando por aquellos que contribuyen a que nuestra vida y nuestra sociedad sea cada vez mejor y más justa.

Es importante velar por la libertad de cátedra y la autonomía de la enseñanza pública e inclusiva, esto no quiere decir que la enseñanza deba depender exclusivamente del Estado sino que hay que aprender a buscar apoyos institucionales y privados que respeten estos parámetros.

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