Back
Back

Cuestionario Santiago Borja

En tu experiencia, ¿Cómo se manifiesta la función social del arte o la arquitectura desde la enseñanza?

Partiendo de la base que no creo que haya una sola función social del arte o de la arquitectura, sino que en realidad hay múltiples funciones las cuales no necesariamente conviven en armonía, me parece importante señalar de entrada que habría que evitar instrumentalizar los supuestos beneficios de estas disciplinas como se hace constantemente con la noción de cultura. Actualmente se asume, casi de forma automática, que la cultura institucionalizada conlleva inevitablemente beneficios sociales y, más aún, se pretende que ésta es capaz de resolver toda suerte de problemas dentro de una comunidad. Convertida en mantra o hecho incuestionable, ¿cuántas veces hemos oído la frase que la cultura repara el tejido social?(sobretodo en el contexto hiperviolento en el que vivimos en México). Me parece entonces, que al menos habría que empezar por revisar esta y otras suposiciones y no darlas como argumentos indiscutibles. 

En lo personal me parece mucho más propositivo el concepto de agencia de arte que ha sido extensivamente desarrollado por Alfred Gell. La agencia incluye en su definición muchas más variables y hace de una obra de arte un proceso claramente dúctil que es afectado por múltiples fuerzas que ejercen su influencia sobre ella, haciendo que no haya una sola situación o “agente” que controle su injerencia en un contexto específico. A diferencia de la noción de función social, la agencia es hasta cierto punto “incontrolable” debido justamente a su multiplicidad. La agencia nos ayuda a entender la obra de arte como un proceso dentro de un campo de acción mucho mas extenso, rompiendo la narrativa lineal de la creación individual.

Teniendo esto en mente, me parece que un buen punto de partida en la enseñanza del arte, sería romper el circulo vicioso de los procesos endogámicos y de autoreferencialidad, anclados por un lado en el estudio exclusivo de la historia del arte y por el otro en la “creación” individual derivada de la autobiografía. Procesos que podríamos calificar, parafraseando a Rancière, de perpetuación de lo mismo. Es decir, habría que establecer procesos de aprendizaje en donde se inserte la producción artística en contextos mucho mas abiertos y se rompa el modelo decimonónico de la creación individualizada (expresión personal), en el cual se pretende producir piezas autónomas, autosuficientes y que crean su propio contexto y sentido. Todo ello nos llevaría evidentemente a cuestionar una vez más el canon moderno de la universalidad del arte y su invariable formato de presentación; el cubo blanco.

Me parece que, si bien hay similitudes entre la enseñanza del arte y de la arquitectura, creo que en esta última, debido a que claramente su producción es un proceso colectivo que se inserta en la “realidad”, el asunto del contexto ha sido mucho mas cuestionado, sobretodo a partir del posmodernismo, cuando entró en crisis el modelo universalista que pretendía soluciones totales independientes de los procesos económicos y sociopolíticos.

Menciona un modelo de enseñanza, proyecto, texto relacionado o referencia que consideres relevante para nuestro tiempo y por qué.

Me parecería que la enseñanza es un asunto paradójico, ya que de alguna manera el objetivo último de la enseñanza es poder prescindir de ella. Desde mi punto de vista un sistema educativo exitoso es aquel que deviene redundante. En otras palabras, el objetivo principal de la educación artística debería ser construir junto con los alumnos una plataforma desde la cual puedan continuar su aprendizaje de manera autodidacta. 

Si revisamos las conocidas teorías sobre la educación de Rancière, en particular su libro El maestro ignorante, es claro, que se propone una forma de enseñanza que va mas allá de la supuesta horizontalidad tan en boga hoy en día, para buscar una forma de aprendizaje basada en el constante descubrimiento intelectual tanto del maestro como del estudiante, que cuestiona lo dado por cierto y que evita la constante repetición de lo mismo.

Otra forma interesante de aprendizaje es la propuesta por el antropólogo escocés Tim Ingold quien propone una forma de enseñar a través del hacer, la cual ubica a contrapelo de lo que él llama el modelo hilomórfico predominante en occidente. Este modelo tradicionalmente busca imponer formas predeterminadas a un material cualquiera, ya sea físico o conceptual. El prototipo del modelo hilomórfico es la estatuaria clásica griega, donde una forma preconcebida es impuesta a la piedra. Es decir, primero se visualiza y luego se ejecuta, jugándose todo en la capacidad técnica (la cual es la esencia de la educación tradicional) de reproducir aquello que se tenía en mente. Por el otro lado, Ingold se inspira en el tejido y otras formas de hacer, en donde las fuerzas y las materias se van conduciendo de manera orgánica consolidándose en una forma por descubrir. Aquí el resultado es relativamente impredecible, y se da a través de lo que él llama el movimiento, donde hay una relación casi de sístole/diástole, entre el material y la persona que lo trabaja. No es de extrañar que muchas de sus referencias provienen del mundo de la artesanía y de los artefactos producidos por las sociedades llamadas primeras, lo que es más interesante quizás, es su clara distinción entre fabricación y crecimiento y como ésta nos lleva a conceptualizar de manera totalmente diferente. La fabricación (propia del modelo hilomórfico) valora el producto y en cambio, el crecimiento valora el proceso. 

Es importante señalar que el pensamiento de Ingold no tiene nada que ver ni con el pragmatismo positivista a la americana del “hágalo usted mismo”, ni con el bricolageteorizado por Levi-Strauss que implica hacer cosas con restos de otras improvisando en el camino. Para Ingold es fundamental entender el diálogo casi espiritual que se establece entre el que hace y el material con el que trabaja, lo cual, bien entendido, nos llevaría a reconfigurar la enseñanza por completo.

¿Desde dónde podríamos generar nuevos vínculos para la enseñanza del arte o la arquitectura hoy?

En mi opinión desde la sociología y la antropología. Es importante seguir desarticulando el mito del artista como creador individual, autosuficiente y ajeno a lo que sucede en el contexto inmediato en el que se inserta.

Con esta lógica encuentro particularmente relevante lo que se está desarrollando en el ámbito de la antropología, entendida más como una forma de aproximarse a la realidad que como una disciplina específica, tal como lo plantea Philippe Descola. Como bien dice, la antropología ha ido perdiendo poco a poco su objeto de estudio, pero ha ido consolidándose como forma de pensamiento. De este punto de vista me parece muy interesante todo el cuestionamiento que se sigue haciendo con respecto a la supuesta separación entre naturaleza y cultura muy propia del pensamiento occidental. Varios antropólogos, como Descola, Ingold, Viveiros de Castro entre otros, proponen una visión del mundo inspirada en los pueblos indígenas, en donde no hay separación entre los humanos y su entorno (los no-humanos), ya que son elementos constitutivos del mismo “mundo”.  

Por otro lado, Augustin Berque en su pequeño libro Recosmizar la tierra, propone justamente eso, desarticular lo que él llama el Paradigma Occidental Moderno para que, inspirado por las cosmovisiones indígenas, podamos construir un mundo del que somos parte constitutiva, así como los animales y las plantas. Berque recurre al concepto de Crianza mutua, es decir nosotros generamos un mundo y el mundo nos nutre y genera a su vez. Hay una reciprocidad total. En el fondo esto implica desarticular la idea de que los humanos estamos separados de la naturaleza (la cual vemos como una fuente finita de recursos), para establecer una relación a través de una cosmología compartida en la construcción de un “mundo” y en ese sentido un mundo dentro de muchos otros mundos. Este mundo debería estar construido como una cosmología: una “onto-cosmo-logía”.

En uno de los capítulos de su libro Berque analiza el problema generado en Wirikuta entre los Wixariki y las mineras canadienses que buscan explotar las minas en Real de Catorce a pesar del decreto presidencial que protege de la explotación al sitio sagrado. La posición de Berque es radical. La defensa del sitio no debe de hacerse únicamente por razones ecológicas (estas propias del pensamiento occidental racionalista) sino por razones cosmológicas, las cuales evidentemente son mucho mas difíciles de implementar en un contexto sociopolítico en el cual son absolutamente despreciadas. 

Pero esa es la apuesta.

Así que la cuestión claramente es qué nueva cosmología podríamos construir en el mundo moderno donde estamos condicionados por siglos de predominio del paradigma racionalista. ¿Cómo hacerlo sin apropiarse de manera superficial de otras cosmologías?

No sé exactamente de que modo esto podría afectar la enseñanza artística, pero claramente para mí éste debería de ser un camino a explorar activamente.

Boletín