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Humberto Ricalde

Humberto inició varias empresas editoriales. Traza, un suplemento del periódico uno más uno; luego la revista a, asociado con Enrique Norten, Alberto Kalach e Isaac Broid, y más tarde hicimos los cuatro números de Trazos, unos cuadernitos temáticos dedicados al laberinto, el baño, el territorio y el cine. Además de textos, prólogos y presentaciones en infinidad de libros y revistas. Tan duro crítico con amigos como con extraños, Humberto nunca se llevó bien con lo establecido y las figuras de autoridad. Cuando sospechaba que alguno de sus conocidos cercanos habíamos caído en esa trampa, no dudaba en asestar el golpe, que no iba casi nunca dirigido a la red, sino al incauto que se había dejado atrapar por ella. Con el dibujo, preciso y exacto, otra de sus pasiones era la historia de la arquitectura. “No se puede proyectar sino desde ahí”, decía e hizo suya la frase de Bruno Zevi: “enseñar historia de la arquitectura en las mesas de dibujo y a proyectar en los laboratorios de historia”.

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